Ciertamente, no es algo generalizado pero quien más quien menos le ha costado en algún momento de su vida, alcanzar un objetivo.

Las razones son múltiples pero hay algunas que son fáciles de explicar:

  1. No tener claro que queremos. Confundimos el lenguaje con el modo en que el cerebro se activa. Nuestro cerebro no se activa por ideas, sino por imágenes, olores, sonidos, sabores, sensaciones. Cuando hablamos de alcanzar el “éxito”, realmente “éxito” es sólo una palabra. Transformarlo en una experiencia sensorial (compuesta por imágenes asociadas al éxito, sonidos, etc.) nos va ayudar a generar el grado de activación que necesitamos para ponernos en marcha.

 

  1. Tener objetivos compitiendo. Esta es la sociedad de la acumulación, incluso de objetivos. No nos vale con leer un rato cada día, tenemos que hacer yoga, mindfulness, deporte, etc. Esto genera mucho estrés a nuestro cerebro ya que su funcionamiento es por objetivos individuales. Mientras estamos haciendo algo, no estamos haciendo lo otro, y eso nos estresa y nos distrae. Aclarar objetivos y organizarlos en el tiempo es fundamental.

 

  1. Exceso de enfoque en el objetivo. La cultura occidental está muy enfocado en obtener resultados. La famosa frase “el fin justifica los medios” sería algo impensable en oriente. No tener claro el proceso para alcanzar aquello que queremos genera dudas e inseguridades. A veces, hasta el punto de no dejarnos avanzar. En otras ocasiones, nos gusta más el objetivo que el proceso (perder peso, adelgazar, hablar un idioma), por lo que no le queremos poner atención, y esto puede provocar que no busquemos un mejor modo de conseguirlo.

 

  1. Ideas sobre el cambio. Nuestro cerebro tiene que creerse que algo es posible de que pase para que decida reclutar recursos. En algunas ocasiones creemos que no seremos capaces de conseguirlo o que las condiciones no son las adecuadas o que simplemente, no tenemos las herramientas adecuadas. Sólo la revisión de nuestras propias ideas, nos va a permitir tener todos los recursos que necesitamos para alcanzar aquello que queremos.

 

  1. La motivación no se pierde. La motivación es sólo el modo que tenemos de hablar sobre algo que sentimos. De hecho, lo que pasa es que “nos sentimos motivados”. Por lo tanto, tendríamos que hablar más de cómo nos motivamos y también, de cómo nos desmotivamos. Muchas veces, no sabemos cómo mantenernos motivados y otras, aquello que hacemos en nuestra cabeza, hace que perdamos las ganas. Cuidado con aquello que te imaginas, porque puede estar afectándote.

 

  1. Falta de hábito. Uno de los principales problemas a la hora de conseguir un objetivo, es que implica llevar conductas diferentes. Para asentar un cambio, se deben crear nuevos hábitos, que en el fondo son conexiones neuronales en una zona llamada ganglios basales. Sólo con suficiente repetición de las nuevas conductas, vas a poder generar un hábito. Sabrás que tienes un hábito cuando eches de menos no hacer esas conductas.

 

Estas son algunas de las variables para que podamos hacer de aquello que parecía imposible, algo factible. Lo importante es entender que nuestro cuerpo está a nuestro servicio si sabemos cómo funciona y aprovechamos su potencial.

Nuestra consciencia nos permite aprender y modificar elementos que no nos ayudan de modo que podamos sacar el mayor provecho de todo lo que nos pasa.

¿Todo es posible? Seguramente no, ni necesidad hay de ello. Nos enfocamos tanto en lo que queremos, que nos olvidamos de lo importante que es el camino para conseguirlo. Quizás hasta más importante que el propio objetivo.

Durante el proceso de consecución, aprendemos, crecemos y descubrimos quienes somos realmente. De hecho, tendría que ser más divertido conseguir que tener.