Seguramente, una de las cosas más absurdas que cualquier niño puede haber aprendido en la escuela (o fuera de ella) es el concepto: “La excepción confirma la regla”.

No porque muchas personas crean y repitan algo absurdo, dicha absurdidad cambia a la categoría de algo con un mínimo de sentido.

Una de las principales partes de mis cursos de PNL es el aprendizaje del pensamiento crítico y cómo construimos nuestras creencias, pero también cómo las mantenemos.

Hay dos caminos básicos que no son excluyentes:

-Me dicen algo y me lo creo.
-Experimento algo y construyo una explicación.


A. Me dicen algo y me lo creo.

Ahí llega tu padre o madre y te dice: “No salgas así a la calle que te vas a resfriar”. Como son figuras de autoridad para ti (no podría ser de otro modo, ¿verdad?) lo aceptas sin rechistar y lo introduces en tu sistema de creencias.

A partir de ese momento, cada vez que vas a salir a la calle, lo primero que haces es consultar la temperatura y luego decidir si estás lo suficientemente preparado para afrontar los rigores del clima.

Por supuesto, si te resfrías lo vas a adjudicar inmediatamente a tu falta de previsión, y la creencia adquirida a través de tus padres se reforzará.

 

B. Experimento algo y construyo una explicación
Un buen día, sales a la calle y piensas que quizás hayas sido un poco optimista en tu cálculo de tu resistencia al frío. Se te pone la carne de gallina y los pelos de punta (no confundir con la mítica expresión “los pelos de gallina”) al tiempo que se te cae la gotita.

Al día siguiente, y cómo parte de una maldición egipcia, empiezas a estornudar y a generar
todo tipo de excreciones.

Tu cerebro, que intenta buscar un modo de evitar que esta incómoda condición se vuelva a generar en el futuro, busca una explicación a ello. “Claro, cómo ayer me enfrié, hoy me he resfriado”.

Esta explicación tiene además, una carga emocional debido a la propia situación vivida, lo que le confiere un lugar más “privilegiado” en nuestra memoria.

Si algo tienen en común las dos opciones es que cuantos más sucesos ocurran, más se reforzarán las creencias asociadas.
Así funcionan las generalizaciones que hacemos del mundo (aunque esta parte la extenderé en un nuevo artículo).

 


¿Las excepciones confirman la regla?

Una excepción es una evidencia que no cumple la regla general y que por lo tanto, obliga a dos acciones:
– Obviarla o eliminarla (es decir, tratarla como una anomalía o aberración/accidente).
– Reajustar nuestra generalización para que tenga cabida.

Por lo tanto, una excepción se carga a la regla general y punto. Nunca una excepción puede confirmar de ningún modo una generalización.

Esa es la excusa para aquel que no quiere que se cuestione su generalización. Porque, ¿No te parece absurdo decir: “Justamente porque hoy no me he resfriado después de pasar frío ayer, es por lo que enfriarse lleva al resfriado”?

Aunque ejemplo sea puramente anecdótico, sí es cierto que hacemos lo que podemos para que nadie nos cuestione nuestras creencias, en especial cuando son útiles para nosotros o tienen una gran carga emocional.

Si llevas pensando durante 40 años que cada vez que te has resfriado ha sido por el frío y no por el estrés o la falta de sueño, puede ser que te identifiques con dicha creencia (está bien: esta creencia no tiene mucha fuerza, lo reconozco, pero piensa en otras como: “soy malo con las matemáticas” o “mi vida es un desastre”).

Que una situación o alguien venga a darte un contraejemplo de aquello con lo que te identificas, no es motivo suficiente para inventarte la absurda idea de que es sólo una excepción que hace justamente todo lo contrario que cualquier otra: confirmar.

Obviamente, en la escuela de los 80 (esa fue la mía) con 42 niños en una clase y delante del sin sentido de algunas reglas ortográficas o gramaticales (lógico por otro lado, por querer poner reglas a un idioma que evolucionó de forma natural), puede resultar práctico que un profesor pueda sacar el comodín de “la regla que confirma la regla”.

Para el resto de los casos: pensamiento crítico y el mejor lugar para aprenderlo es definitivamente en mis cursos de PNL, aunque si hubiera otro lugar donde hacerlo también, sólo haría que confirmar lo anterior, ¿verdad? 😉