Cuando hablamos de PNL nos referimos a la herramienta que nos permite analizar el modo en que cada uno de nosotros organizamos nuestra experiencia subjetiva. Dicho de otro modo, cómo aquello que pensamos, sentimos y acabamos haciendo, se relaciona de modo que nos permite o no conseguir nuestros objetivos.

El fundamento de la PNL es que nuestra parte más evolucionada del cerebro (el neo córtex) puede controlar el resto de funciones inconscientes de nuestra mente. Existe el mito de que el jinete (la parte consciente) siempre puede controlar al elefante (la parte inconsciente), utilizando la famosa metáfora del psicólogo Jonathan Haidt y que sólo se trata de un tema de “control mental” y por lo tanto, emocional.

Pero esto no es nada más que un mito. La realidad es que a lo que nos despistamos, nuestra parte inconsciente (el elefante) sigue su camino a pesar de nosotros. Por eso es tan importante generar hábitos (automatizar o adiestrar al elefante).

A pesar de esto, todavía hay más desafíos por delante.

Nos guste o no, la PNL sirve muy bien para tomar consciencia y para generar cambios inconscientes, pero no nos ayuda cuando el jinete (tu consciencia) está en baja forma.

Los motivos por los que puede estar en baja forma pueden ser:

Y ahí es donde nuestro poder para gestionarnos disminuye notablemente. Si un día estás muy cansado y al mismo tiempo muy preocupado por alguna situación, quizás quieras gestionarte tú mismo esas emociones y no puedas.

Algunos podrían pensar que es porque no tienen “poder personal” para hacerlo o que la herramienta no funciona. Pero puede ser que simplemente no estemos en las mejores condiciones “físicas” para poder actuar. Esos son los límites de la PNL.

Muchos venden la idea de que todo es posible desde la mente y quizás sea cierto, pero sólo cuando nuestro cerebro funciona en sus condiciones perfectas y para eso, necesitamos actuar sobre nuestro entorno.

Esto no es algo que forme parte de la teoría original de la PNL pero que es básico para poder desarrollar todo el potencial de nuestra mente. Por eso se requiere que cuidemos mucho de nuestro sistema nervioso central para que el jinete pueda conducir.

Uno de los aspectos más importantes es el descanso reparador.

Muchas personas me dicen: “Yo duermo como un tronco”, “Yo duermo ocho horas”. Todo esto no quiere decir nada. Lo importante es cuánto tiempo pasamos en la fase sueño llamada “profundo” y en la fase de sueño REM y no en la cantidad.

Pero tampoco es fácil saber las fases sin algún modo de medirlo. Cuando se empieza a medir las fases, nos podemos dar cuenta de muchos aspectos que afectan a nuestro descanso y por lo tanto, que agotan al sistema nervioso.

Algunos de ellos a tener en cuenta son:

Para más información sobre cómo optimizar nuestro descanso, puedes asistir a nuestros seminarios online o pedir información en nuestra web.