¿Cuántas veces no nos han vendido la idea que tenemos que soñar a lo grande?

En mis cursos de PNL hablo a menudo de como la obsesión con el logro, está llevando a esta sociedad a una carrera desenfrenada por hacer más, mejor y en menos tiempo.

Este concepto tan occidental colisiona frontalmente con las culturas tradicionales asiáticas donde el objetivo final poco importa si no hay un camino adecuado para ello.

Por eso me gusta tanto viajar y dar clase en Japón. Porque a pesar de todos los problemas que tienen con la “occidentalización”, aún quedan reductos de este enfoque al proceso.

Mientras nosotros vivimos  obsesionados en el siguiente cinturón que puedo obtener entrenando mucho, ellos hablan de jūdō: “el camino de la gentileza” en japonés, T’aekwŏndo: “el camino de las piernas y de las manos” en coreano, el Gon fú (Kung fú): “el tiempo dedicado a convertirse en un maestro” en chino, y así seguiríamos.

Yo soy alumno de  Sadō o el camino del té.

Es decir, la ceremonia centenaria tradicional del té en Japón.

Lo menos importante es saciar la sed. Se trata de apreciar y valorar cada uno de los infinitos pasos perfectamente coreografiados que constituyen esta ceremonia.

NEUROCIENCIA Y LOGRO

La neurociencia nos dice que cuanto más grande el objetivo, más dopamina generas y más motivados estás.

Esta sensación de recompensa que parte de tu amígdala para llegar al núcleo acumbens (uno de los centros productores de dopamina) impulso al organismo a moverse hacía aquello que el cerebro calcula que va a generar una sensación igual o mejor una vez conseguido.

Lo que la neurociencia también explica es que prácticamente muchas adicciones tienen una base dopamínica (por ejemplo, el alcoholismo).

Por lo tanto, no es descabellado pensar que el mismo proceso se dé con los objetivos; Cuanto más consigues, más te acostumbras a la cantidad de dopamina y más necesitas.

En cambio, el sentirse bien llevando a cabo un proceso congruente con tus valores y alineado con tu propósito vital, segrega otro neourotransmisor: La serotonina. Esta es la neurona del bienestar, de la plenitud y de la paz interior.

Mientras que enfocarnos en los objetivos nos motiva, también nos agita, nos genera ansiedad y frustración.

Pero el “camino” nos ofrece bienestar emocional.

CUANDO EL OBJETIVO LO ES TODO

Quizás sueñes con un objetivo que te hace sentir bien, pero luego todas las pequeñas acciones cotidianas te exasperan. Y es que cuanto más grande es el objetivo final, más grande la motivación pero también la frustración si no se alcanza según lo calculado…

La sensación que genera ese gran objetivo no es equiparable a la de llevar a cabo los pasos intermedios, lo que lo convierte en una penitencia. Un precio a pagar. 

Otras veces, te puede parecer que hacer pequeñas cosas y tener pequeños objetivos “no es lo correcto”. Algo así como que eres “poco ambicioso”.

La lógica te puede llevar a pensar que si haces cosas pequeñas quizás sea porque “eres pequeño” o simplemente, no tengas suficiente de lo que se “tiene que tener” y esto, puede tener un  efecto en tu autoestima y por supuesto, en tus expectativas de aquello que puedes conseguir.

RIESGOS DEL ENFOQUE AL LOGRO

Por lo tanto, el enfoque al logro tienes sus riesgos:

  1. Posible adicción a la consecución.
  2. Insatisfacción crónica.
  3. Estrés y ansiedad.
  4. Falta de sentido vital.
  5. Falta de integridad (El fin justifica los medios).
  6. Desmotivación.

“No hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino”. Gautama Buddha.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Pero, ¿Qué pasaría si cada paso contara? ¿Qué pasaría si cada pequeña acción fuera importante para ti? ¿Si disfrutaras de cada pequeño avance?

Si cada paso y el modo en que lo das hablara de ti, luego cada acción sería un momento para reafirmarte, para proclamar tu esencia y consolidar tu identidad. Sería un momento de placer, de celebración y de satisfacción personal.

Quizás luego las prisas y la frustración disminuirían y empezaríamos a disfrutar más del momento actual y de cada uno de sus maravillas.

Este enfoque, mejora el bienestar en el trabajo, las relaciones con los colaboradores y por supuesto, humaniza la actividad profesional dotándola de mucho más sentido.

Es el momento de empezar a pensar en el “trabajo dō”… y la PNL es una herramienta increible para ayudarte en este camino.

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