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¿Qué es ser feliz? ¿Podemos serlo más? ¿Existe la felicidad absoluta?

La respuesta es fácil: Ni idea. De hecho, la felicidad no existe, y ahí empieza el primer problema. La felicidad es una palabra. A lo que nos referimos por felicidad es un conjunto de sensaciones que tenemos dentro de nuestro cuerpo. Es por lo tanto, más que una cosa, un proceso en continuo movimiento.

Dicho de otro modo, nosotros creamos la felicidad a cada momento. Es un proceso continuo basado en lo que pensamos. Es más, gran parte de lo que llamamos felicidad se basa en el significado que le damos a lo que pasa
a nuestro alrededor.

Ese significado está relacionado con nuestra propia escala de medición basada en parte en nuestros valores pero también en lo que nos han enseñado que es bueno y malo, o útil e inútil, etc., y por otro lado, en como comparamos entre diferentes momentos o con diferentes personas. Es decir:

Caso 1. Infelicidad material.
Alguien puede ser que no sea feliz porque no tiene una casa más grande, mejor empleo, un coche, etc. La pregunta es: ¿Quién decide qué es importante y qué no? Podríamos decir que somos nosotros mismos, pero creo que sería demasiado optimista. Vivimos en una sociedad que mide a las personas a través de su capacidad de acaparar recursos materiales, ya sea tierra, acero (en forma de coches, aviones, etc.), o otros metales (oro, plata, simplemente dinero). Estamos sumergidos tan profundamente en esta cultura, que nos cuesta entender que pueda ver otra manera de verlo. La televisión nos bombardea, padres, amigos… Se mide el éxito social a través de estos factores y por lo tanto, también el grado de reconocimiento social.

Caso  2. Infelicidad
emocional.

Alguien puede que no sea feliz porque no siente lo que le gustaría sentir. El caso más habitual es el desamor. Ponemos la felicidad en manos de una segunda persona que “nos hace vibrar” y cuando no  está (no la hemos encontrado, la hemos perdido, estamos con la persona equivocada) empezamos a pensar en “cómo sería si”. Una vez más, para ser infelices tenemos que estar pensando en esas situaciones donde podríamos tener amor y no lo tenemos, etc…

Caso 3. Infelicidad

por falta de sentido. Alguien puede sentirse deprimido por no tener una idea clara de dónde ir, o como autorealizarse o contribuir a la sociedad. Es decir, le falta una dirección y objetivos. El ponerse metas y conseguirlas contribuye significativamente a la mejora de la autoestima, así como el avanzar en una dirección congruente con lo que es importante para nosotros (nuestros valores), también genera una sensación de plenitud.

Caso 4. Infelicidad por falta de salud.

El estado físico de una persona contribuye significativamente a su capacidad de sentirse feliz. Hay enfermedades muy duras que generan dolor o incapacitan gravemente. La tendencia natural es en enfocarse en lo que podrían hacer o sentirse si no tuvieran la enfermedad, es decir, se comparan con ellos mismos o con otros en mejores condiciones físicas y se enfocan en todo lo que no va bien.
En estos 4 casos de ejemplo, se repiten ciertos patrones. Somos nosotros lo que hacemos cosas activamente en nuestra mente para generar
la infelicidad.

Nos enfocamos en aquello que no queremos, sin darnos cuenta que algunas veces, lo que queremos o no, es simplemente una creencia, una idea, y que luchamos por ideas como si fueran verdades. Pensamos que sin una persona a nuestro lado no podemos ser felices, que sin una casa o un buen empleo no se puedo ser feliz o sin unas condiciones óptimas de salud.

Hace unos días hablaba con una alumna que me decía que nunca había visto tanta felicidad como entre las personas más miserables de la India. Aquellos que no tienen nada de nada, aquellos que tienen a personas enfermas sin acceso a los tratamientos occidentales, aquellos que subsisten de la caridad.

Si un leproso de Calcuta puede ser feliz, la pregunta es ¿Qué estamos pensando nosotros que nos aleja de esta felicidad?

¿Nos comparamos con los demás? ¿Buscamos a aquellos que tienen más que nosotros sin darnos cuenta de las consecuencias negativas que
pagan por tenerlo? ¿Nos comparamos con gente más atractiva o más delgada? ¿Pensamos en todo lo que podríamos tener y no tenemos? ¿En esa persona que nos dejó?

Nuestra cultura nos obliga mucho a mirar hacia fuera, hacia los demás, a que nos comparemos, y no sé si eso está bien o mal, pero si en tu caso no te ayuda a ser feliz, es un buen momento para que te hagas las preguntas de la PNL:

¿Qué es lo que creo que me aleja de ser feliz? ¿Cómo podría pensar para ser más feliz? ¿Qué tendría que sentir diferente? ¿Qué podría hacer diferente para aumentar mi felicidad? ¿Qué me podría decir a mí mismo?

Quizás pase por visualizar cada día todo lo que has conseguido, las personas que están a tu alrededor y te quieren, quizás pase por darte cuenta que a pesar de tu salud, puedes seguir viviendo y enfocándote en lo bueno de tu alrededor por pequeño que sea. Quizás sea siendo más generoso en tiempo o dinero, quizás sea visitando a personas que necesitan tu ayuda, quizás sea emprendiendo proyectos, aunque sea salir a andar, quizás pase por dejar de hablarte mal, de gritarte o maltratarte.

Quizás pase por perdonarte o perdonar. No lo sé. Definitivamente, es algo que está en tus manos. La felicidad se hace a cada segundo con nuestros
pensamientos.