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Cada día me llegan invitaciones al Powder, Pepper Panic Saga, Candy Crush Saga… Son diferentes juegos para jugar en tu teléfono inteligente. Cada vez más adultos están enganchados a lo que ya se le llama “gamificación”. Es algo así como convertir la vida en un juego. Sí, pero un juego virtual.

Tomarte un descanso y entretenerte un rato me parece algo hasta saludable, pero cuando miro en transportes públicos o salas de espera, lo que me encuentro es gente sumergida en una realidad virtual donde ganan dinero virtual por cuidar animales o destruir cosas.

Tengo la impresión, que estos juegos nos permiten huir de la realidad cuotidiana y sumergirnos en un mundo donde todos somos iguales y donde a pesar de la dureza de la realidad, siempre hay una oportunidad.

Me parece también una respuesta lógica a la indefensión aprendida de todos aquellos que hagan lo que hagan, tienen la impresión que en este país no hay modo de progresar. En un mundo sin futuro, parece lógico mirar hacia otra
parte.

Pero, ¿Cuál es el mensaje de fondo? ¿Qué estamos aprendiendo haciendo esto? Me preocupa la sensación de indefensión aprendida. Es decir, el bombardeo continuo de noticias negativas, donde los que las escuchan poco o nada pueden hacer para cambiarlas. Las colas en el INEM intentando durante meses encontrar una salida sin ningún tipo de resultado positivo.

No estoy en contra de jugar pero la pregunta es clara: ¿Qué podríamos hacer con todo ese tiempo? ¿Cómo podríamos utilizar todos esos trillones de neuronas de tanta gente? ¿Cómo podríamos transformar ese talento y creatividad en algo realmente productivo?

Si gamificación quiere decir mantener a la gente ocupada en actividades inútiles, yo me bajo del tren. No se trata de tener gente ausente en los trenes jugando en un mundo virtual. Se trata que se hablen que interactúen, que se den cuenta que entre los que hay a su alrededor pueden existir oportunidades inimaginables.

Se trata que se reúnan y que jueguen, pero también que piensen en proyectos de futuro, en como uno puede ayudar al otro, en como pueden sumar esfuerzos. Que en vez de esperar para el último modelo de teléfono móvil y así poder actualizar los juegos, que hay mil maneras mejores de invertir los recursos.

La gamificación no debe significar anestesiar la voluntad de luchar, vivir y compartir. Tampoco debe significar consumir en ocio, ya que el ocio es bueno, pero experimentar el mundo con todo lo bueno y lo malo también.

Cuando las cosas están peor es cuando más valientes tenemos que ser todos. No por dejar de mirar al león, este va a desaparecer. Es más, mirarlo y pensar en cómo combatirlo, nos hace más sabios y más valientes. Nos prepara mejor para el futuro.

No es que no sea tiempo de jugar, es tiempo de ser más listos que nunca. Los recursos los tenemos, sólo es cuestión de creer en ello.