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Si cierras los ojos por un momento: ¿Qué estás sintiendo ahora? ¿Eres feliz? ¿No? ¿Por qué? La felicidad es uno de los sentimientos más anhelados por todos los seres humanos.

En general, todos queremos ser felices. Hay personas que dicen serlo y otras que no. Desde hace unos años ha nacido una rama de la piscología llamada positivista que busca básicamente, lo que la PNL y el Dr. Bandler (su padre y cocreador), llevan trabajando durante 40 años.

La psicología tradicional está más enfocada en “arreglar” personas “estropeadas”, mientras que el Dr. Bandler siempre ha hablado de “optimizar” a las personas para que se puedan sentir mejor.

Finalmente, parece que el trabajo de los psicólogos Seligman y Csikszentmihalyi se enfoca en hacer que las personas se sientan mejor sin necesidad que les pase “algo malo” antes.

Martin Seligman ha estudiado durante muchos años cómo las personas hacían para sentirse incapaces e indefensas delante de una situación, y llegó a la conclusión que si alguien podía aprender a sentirse mal, también podía aprender a sentirse bien.

De hecho, este fue el mismo punto de partida de Bandler y Grinder en los años 70 con la PNL, y que tantos buenos resultados ha dado.

Seligman define tres tipos de felicidad:

1.    La vida de placer. Donde se busca disfrutar al máximo.
2.    La vida de dedicación. Donde se busca trabajar, cuidar a los hijos, amar.
3.    La vida de pleno sentido. Basada en conocer tus fortalezas y ponerlas al servicio de una causa mayor que tú mismo.

No es que haya una mejor que la otra, pero a mí sí me parece que es una mezcla de ellas la que nos puede dar las claves para ser feliz.
Según muchos estudios realizados en universidades de todo el mundo, las personas que se consideran felices comparten ciertos puntos:

1.    Ponen la intención. Esta me parece clave y de hecho, es la base de la PNL. Es importante tener como objetivo el ser feliz y ponerse manos a la obra en ello. La felicidad no es algo que “sólo pase”, sino que le tenemos que “echar ganas”.
Pero eso implica tomar consciencia de nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones para poderlas cambiar y que nos acerquen más a nuestro objetivo de ser más felices.

2.    El color con que se mira. Aunque parezca un tópico, cómo pensamos sobre lo que nos pasa, nos acaba afectando. Las personas más felices, tienen un modo más positivo de ver la vida, no se rinden con facilidad y se toman los problemas como retos u oportunidades de mejora. Al fin y al cabo, tienen una actitud que les lleva a minimizar aquello que les aleja de lo que quieren (que es sentirse bien) y a maximizar lo que les acerca a ello. Claro que el reto está en vencer muchos años de inercias y hábitos que no han ido hacía esa dirección.

3.    Disfrutan de pequeños placeres. Las personas felices no necesariamente necesitan mucho. Como ya conté en el artículo anterior, cuando nos ponemos objetivos que son muy difíciles de alcanzar, nuestro cerebro no segrega la dopamina que necesita y nos sentimos frustrados. Tener grandes sueños está muy bien, pero si por tenerlos nos sentimos mal por no haberlos alcanzado, eso nos hace menos felices. A veces, fijarse en lo que puede llegar, nos hace perdernos de las satisfacciones de lo que ya tenemos.

4.    Son agradecidos. Una vez más, enfocarse en lo que está por llegar está muy bien, pero al fin y al cabo, todavía no está aquí. Por lo tanto, en vez de estar suspirando por lo que no tenemos, quizás sea mejor, agradecer todo lo que sí tenemos. A menudo, necesitamos ver a alguien que está en una situación más complicada que la nuestra para darnos cuenta de ello. El agradecimiento, es uno de los sentimientos que más nos acerca a la felicidad.

5.    Se cuidan. Es fácil hablar de cuidarse cuando las cosas nos van bien, pero cuando nuestro alrededor es complicado, el miedo nos hace trabajar más, preocuparnos, no descansar tanto, etc. Los estudios demuestran que las personas más felices son las que se toman su tiempo para dormir bien, comer adecuadamente, desconectar salir al aire libre y hacer ejercicio. Todas estas actividades no sólo ayudan a disminuir la presión sanguínea, el colesterol o el nivel de azúcar en la sangre, también permite que nuestros neurotransmisores se vuelvan a equilibrar. Hacer ejercicio, además, mejora nuestra imagen y eso nos ayuda a sentirnos mejor.

6.    Son generosos. Curiosamente, el dar más parece que nos hace más felices. Todos tenemos en la cabeza las imágenes del rico gruñón. Aunque sea un estereotipo, quizás haya algo de verdad en todo eso. Las personas se sienten mejor cuando regalan algo a los demás que cuando lo hacen para ellos mismos. Trabajar al servicio de los demás nos asegura una vida de plenitud y satisfacción, siempre y cuando, lo hagamos no esperando nada a cambio, claro.

7.    Generan relaciones fuertes. Los hombres somos animales gregarios y nos sentimos mejor cuando tenemos a gente a nuestro alrededor. Las personas más felices, construyen relaciones con los demás basadas en la escucha, las conversaciones interesantes y por supuesto, en gran parte, basadas en el amor. Una relación de pareja fuerte se ha identificado como uno de los factores más determinantes para que las personas se sientan felices.
Ya llevamos 7 pero me gustaría añadir alguno más:

8.    Entrenar a nuestra mente. Desde hace muchos años, enseño a las personas  que las emociones no son algo que se sufre, sino que son un producto de nuestros pensamientos y de lo que hemos aprendido. Tal y como decía el Dr. Seligman, si podemos aprender a sentirnos mal, lo podemos hacer para sentirnos bien. Sólo es cuestión de saber cómo y la PNL nos da estas herramientas.

9.    Practica, practica, practica. La felicidad no es un objetivo fijo, sino una actividad constante. Nos pasan mil cosas a nuestro alrededor que nos distraen  de lo verdaderamente importante y de aquellos que queremos. Además, quizás llevamos muchos años sintiéndonos mal por muchas razones. No es nuestra culpa, así lo aprendimos de alguien más. ¡Pero ello no quiere decir que no podamos cambiarlo!

La felicidad es sólo el arte y la ciencia de sentirse bien. Quizás no lo consigamos todo el rato, y quizás tampoco importe, pero lo interesante es sentar una dirección clara hacía donde avanzar. El resto es aprendizaje y cambio.

Delante de ti, seguramente tienes mil retos, y las cosas no te saldrán cómo tú quieres siempre, pero acuérdate que la felicidad es para mucha gente, la ausencia de dolor o una sensación de bienestar. Si siempre te sintieras bien, dejarías de darte cuenta de ello, y hasta lo dejarías de valorar.

Ser feliz es aprender a sentirse bien, y por lo tanto, ¡Siempre hay margen de mejora!