¿Alguien te dijo alguna vez que no eras bueno para las mates, el canto, las artes plásticas, los deportes? ¿Alguien te diagnosticó que nunca volverías a hacer deporte, a tener una vida saludable o que no te recuperarías de una enfermedad terminal? ¿Alguien te dijo que el proceso para recuperarte de una afección psicológica sería largo y doloroso?

Si es así, bienvenido al club de los que hemos experimentado a un hipnotista profesional. Coincidiendo con el segundo aniversario del vídeo “Piensa diferente, vive diferente” que creé para el lanzamiento de mi primer libro (El Arte de Conseguir Lo Imposible), me gustaría reflexionar sobre este particular fenómeno de manipulación mental a la que muchos de nosotros hemos o seguimos estando sometidos.

Se le llama falacia Ad Verecundiam. Básicamente es apelar a una autoridad para defender un argumento.

Los profesores tienen una increíble capacidad de influencia en nosotros cuando somos pequeños. Ya será porque nuestros padres se la otorgaron, o porque simplemente es un adulto, más grande, etc.

El caso, es que en mis cursos de PNL (y en empresas también) me encuentro muchos adultos que todavía arrastran con ellos ideas sobre lo que pueden hacer o no de cuando eran alumnos. “Tú no llegarás nada en esta vida”, “Tú no sirves para nada”, “Deja de estudiar y ponte a trabajar”, entre muchas otras frases para enmarcar.

El impacto potencial sobre las personas de estas sentencias es impresionante. No sólo por el propio impacto emocional, sino por cómo nos condiciona la vida.

María, 10 años. En su casa su padre le dice que no sirve para las mates porque le cuesta mucha resolver los problemas de matemáticas que le ponen en la escuela. Se frustra. Empieza a sentirse mal cada vez que se pone a pensar que tiene que hacer los deberes. Le cambia su química cerebral, no fluye. Se bloquea. Llega a clase. Tiene miedo de que le pregunten. Sale a la pizarra. No sabe responder. El profesor le regaña. Los niños se ríen. Estudia condicionada. Obtiene resultados mediocres. Se le confirma la creencia. Deja de estudiar. No practica. Cada vez que tiene que resolver algo matemático no le sale y tiende a rehuirlo.

Jose, 39 años. Dolores en la espalda. Va al médico. Le pide una resonancia. No es concluyente pero el médico está seguro que tiene que ver con una desviación de la columna. Le aconseja que no haga más deporte que no sea ir a la piscina. A Jose le gusta el fútbol. Empieza a ir a la piscina, pero lo dejo. No hace deporte. Aumenta de peso. Los dolores persisten. Empieza con los antiinflamatorios. Pasa el resto de su vida con protectores gástricos y antiinflamatorios.

Podría seguir. Yo mismo he sido víctima de esto. Con 18 años me dijeron que no volvería a hacer deporte por mis rodillas. Por suerte después de un par de años no le hice caso al traumatólogo. Han pasado más de 20 y practico esquí de montaña (el de subir montañas con los esquís puestos), hago mountain bike, y he llegado a correr 18 Kms por sendas de montaña.

Ski

También me sentenciaron en la escuela. Nunca más hice actividades plásticas porque no servía, tampoco servía para las ciencias. Me pasé mis años en la Escuela de Ingeniería pensando que era el peor de todos en álgebra, cálculo, etc.

Y es que el efecto “bola de nieve” que ciertas personas pueden tener sobre nosotros no es nada desdeñable y a veces, puede ser simplemente traumático.

¿Cómo sabe un profesor que va a pasar en nuestra vida? ¿Quién nos dice que no hemos sido víctimas de un sistema educativo masificado y estandarizado? ¿Qué quizás necesitabas un modo diferente de estudiar o de practicar deporte en la escuela? ¿Cómo puedes estar seguro que precisamente por el condicionamiento que te provocó tu profesor, tus padres, tus abuelos o tus amigos, eso fue lo que hizo que no pudieras desarrollar tu potencial en ese campo?

O simplemente, ¿Por qué tenías que ser bueno en eso? ¿Por qué no te ayudaron a buscar aquello en lo que brillabas? ¿Cómo sabe el médico que su diagnóstico o su tratamiento es el mejor? ¿Cómo puede estar seguro que no hay otras explicaciones a tus síntomas? ¿Conoce todas las investigaciones sobre el tema en el mundo? ¿No puede ser que se le haya escapado algo? ¿Por qué conformarse con un solo diagnóstico? ¿Con un solo tratamiento?

Tenemos un mundo repleto de personas que en algún momento perdieron la confianza en ellos mismos porque pensaron que el “ser malos” en algo hablaba sobre quienes eran.

Por supuesto esto también es una reflexión para todos aquellos profesionales que se creen poseedores de una bola de cristal capaz de ver el futuro académico de los demás, los años de vida o la salud emocional de otros.

Tendrían de ejercer la autoridad que se les otorga con responsabilidad y con consciencia del impacto que tienen sus palabras sobre los demás.

En mis cursos de PNL ya hace tiempo que enseño a adultos a desarrollar su pensamiento crítico y a vencer condicionamientos que bienintencionadamente o no, debido a personas cualificadas y competentes, o no, se implantaron en nuestra mente.

Ya es hora que empieces a hacerte preguntas como las anteriores y empieces a revisar lo que crees sobre ti mismo y de dónde ha venido, y que te hagas una pregunta muy básica: ¿Cómo lo sabes?

Te darás cuenta cómo puedes empezar a pensar diferente sobre ti mismo, y a vivir diferente.

[Nota: No estoy afirmando que todos los profesores generen estas condiciones, ni todos los médicos, psicólogos o terapeutas. Es una reflexión sobre la capacidad de influencia que tienen sobre nosotros]