Me siento frente al ordenador, abro el Word, me dispongo a escribir algo y…

Ahí está: la reconozco porque es mi propia voz, soy yo mismo diciéndome cosas como:

¿Pero tú de qué vas a escribir?

¿A ti quién te va a querer leer?

¿Cómo vas a generar cosas nuevas e interesantes?

Trabajo en una escuela de innovación y lo cierto es que en mi día a día, las palabras “creatividad”, “divergencia” o “ideas” están siempre presente pero a la hora de la verdad… me bloqueo.

¿De qué voy a escribir? ¿esta idea vale de algo? ¿qué puedo decir que sea interesante? ¿cómo le encuentro solución a este problema? Generalmente a la cuarta o quinta pregunta, ya no estoy frente al ordenador.

Cuando hablamos de creatividad (o más bien de su ausencia) hablamos de varios tipos de bloqueos: los internos y los externos.

El tiempo que tienes para poder producir una idea, puede considerarse un bloqueo externo, por ejemplo.

Pero los que me resultan  más interesante no son los bloqueos externos si no los internos: esa vocecilla que te dice que esa idea no vale para nada o que no estás a la altura.

¿Te suena?  En los momentos en los que deberíamos  dejar que las  ideas fluyan y salgan de nuestra cabeza sin ser juzgadas, decidimos matarlas incluso antes de haberlas puesto a prueba.

A menudo, resulta más fácil imaginar lo mal que puede salir algo que enfrentarte a ello.

Igual, si alguna vez te has sentido así, has llegado a la misma conclusión a la que he llegado yo cuando me he sentado delante de este ordenador.  Si esa vocecilla puede llegar a bloquearte ante una simple hoja en blanco….

¿En qué otras situaciones te habrá bloqueado?

Desde que empecé a especializarme en PNL, descubrí que en ocasiones nuestros peores aliados somos nosotros mismos, a veces, simplemente no eres consciente de cómo te hablas a ti mismo ni de las cosas que te dices pero sobre todo, de cómo esto influye en tu desempeño en el exterior.

Sería muy fácil (y estaría mintiendo) si dijese que el simple hecho de ser consciente hace que todo cambie. No. Nada más lejos de la verdad, tanto en pnl como en la escuela en la que trabajo, hablamos de “cómos”, de desarrollo de habilidades necesarias no sólo para aportar consciencia a los procesos, si no cómo cambiarlos.

¿Cómo haces para generar más y mejores ideas?, ¿Cómo haces para sentirte mejor ante ciertas situaciones?, ¿Cómo haces para bloquearte ante ciertas experiencias? y sobre todo, si no es útil, ¿Cómo haces para cambiarlo?

Bien, en esta situación puedes hacer varias cosas: una de ellas es afectar directamente al propio sonido de tu voz. Bájale el volumen, cámbialo de tono, de cadencia, de ritmo (sí puedes, ¡Es tu propia cabeza!), y date cuenta de cómo simplemente ajustando estos pequeños detalles, las sensaciones dentro de ti empiezan a cambiar. Juega con tu voz, como si tuvieses una mesa de mezclas delante de ti y pudieses hacer lo que quisieras con esas voces.

Si después de hacer esto te atreves, te reto a que te retes (sí, sí, al final esa voz eres tu mismo).

No se trata de una conversación unidireccional, esa voz está cargada de creencias que puedes desafiar.

Enfréntate y hazle (o hazte) preguntas del estilo: ¿y eso quién lo dice? Y esto otro, ¿cómo lo sabes..?

Es inevitable tener este dialogo, forma parte de ti. Pero ahora, ya sabes como empezar a  hacerle frente cuando lo necesites.