El “nacionalismo” es una palabra que se ha convertido en una arma arrojadiza que cada interesado utiliza según su conveniencia para alcanzar sus objetivos. Por ello, sería bueno referirse al Diccionario de la Real Academia Española por un momento:

 Nacionalismo
1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.
2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.
3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

Eu Flag

Según esta definición, las ansias de algunos ciudadanos catalanes a ser una nación independiente y por ello a considerarse diferentes a España, parece ser una muestra de nacionalismo. Pero según la misma definición, la reinvidicación de algunos ciudadanos españoles de mantener una territorio unido, separado y diferenciado del resto de países del mundo, también parece una muestra de nacionalismo. De igual modo pasa en Francia, el Reino Unido o en cualquier país del mundo donde se reinvidique la pertenecia a un territorio diferenciado de otros.

Luego, resulta que aparentemente cualquier ambición de ser diferente, único e identificado a través de unos símbolos propios es una muestra de nacionalismo. Identificado este punto, y sabiendo que no todo el mundo se siente nacionslista o lo ve como algo bueno o malo, algunos también podrían argumentar que no es bueno que un conjunto de ciudadanos quieran escindirse de su país o estado matriz, y otros podrían decir que sí tienen ese derecho. A ese fenómeno se le llama independentismo (según el RAE otra vez:
Independentismo
1. m. En un país que no tiene independencia política, movimiento que la propugna o reclama.).

Otros dirán que todavía es peor que a los niños se les inculquen estas ideas desde la escuela.

Pero si repasamos la opinión de expertos en conflictos bélicos, nos dicen que la historia de los conflictos bélicos de los últimos 100 años, aparentemente se puede interpretar en clave de razones nacionalistas pero que en realidad la mayoría tienen que ver más con intereses geopolíticos.

Esto tendría cierto sentido si pensamos que los intereses geopolíticos suelen ser muy abstractos y no movilizan a las personas. Lo que moviliza a las personas son las emociones (emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”), y estas se tienen que generar en las personas. Hay muchas maneras de generar las suficientes emociones en las personas para que quieran dar la vida por una idea, pero dejando a un lado el miedo, el sentido de pertenencia es uno de de las más importantes.

Lo que genera el nacionalismo  es un sentimiento de pertenencia, o como diria Robert Dilts, de “metaidentidad” donde un concepto se vuelve lo suficientemente importante para trascender a un individuo.

Todo el mundo sabe que si andas por los Pirineos no te vas a encontrar ninguna diferencia entre el lado francés y el español. No hay grandes letras pintadas en el suelo, ni banderas, ni lineas de puntos y cruces cruzando montañas. Los países son ideas del mismo modo que lo son las naciones. Yo no soy un experto en política ni tampoco un militante pero si un experto en el efecto de las ideas en nuestro cerebro.

Creo que lo importante no es si a un niño catalán se le “catalaniza” o si a uno español se le “españoliza”, sino si eso se tendría que hacer sin dotar al niño de un pensamiento crítico que le hiciera cuestionar si hay razones suficientes para dar su vida por una idea.

A mi entender, más que hablarles sobre historia (otra idea de la que hablaré otro día), sobre héroes, sobre cultura o sobre tradiciones, primero se les tendría que dotar de un buen pensamiento crítico para que no tuvieran que ir a remolque de las ideas de terceros creyéndose las ideas que sus “líderes” les hacen creer como ciertas.

En el “mundo real” no hay ideas necesariamente ciertas ni falsas sino ideas que cumplen objetivos, y las ideas nacionalistas son una buena muestra de ello. Luego, yo prefiero que a mi hijo le enseñen antes a poderse cuestionar las ideas, opiniones, teorías o pensamientos creados por otros y que sea él que establezca sus propios criterios sobre lo que quiere creer y lo que no, y que al mismo tiempo tenga las herramientas adecuadas para cuestionar aquello que creen sostener la verdad absoluta. Luego que le enseñen versiones de la historia, cuentos, leyendas o lo que sea.

Yo pienso sinceramente que con un mayor pensamiento crítico seguramente seremos mucho más libres que con cualquier guerra o derrame de sangre por una idea. Otra cosa será, si eso conviene geopolíticamente…