¿De que estás seguro? ¿Por qué necesitamos sentirnos seguros? ¿Y cuáles son las consecuencias de esta necesidad aparentemente vital?

¿Qué pensarías de mí si te dijera que el fín del mundo esta próximo?

Probablemente me dirías que soy un alarmista, uno de estos que veen el fín del mundo a la vuelta de la esquina. Algunos hasta me rediculizarían, se reirían de mí o me tomarían por loco. ¿Pero, por qué?

Básicamente porque parece que la idea de que el mundo tal y cómo lo conocesmos termine es tan improbable que pensar en ello es absurdo. Pero, ¿Realmente es tan absurdo?Repasemos por un instante la historia:

Una de las mayores erupciones volcánicas conocidas fue la del volcán Krakatoa en 1883. Al parecer, el equivalente a 5000 bombas atómicas. Su explosión en Indonesia se ha considerado el ruido más fuerte del mundo. El Krakatoa volcó tantas cenizas con dióxido de azufre en la atmósfera que hizo descender varios grados la temperatura global del planeta.

Esta historia, es más o menos conocida, la que es menos conocida es la erupción del mismo volcán en el año 553 d.C.. Esta erupción provocó una disminución de la temperatura global del planeta de entre 10 y 15 grados durante una década, destruyendo cosechas y sumergiendo a la humanidad en una apocalíptica hambruna durante años.

Estos son sólo algunos ejemplos: El Tambora provocó en 1815 “el año sin verano”, ya que provocó un oscurecimiento masivo de todo el planeta. Ese año, Mary Shelly su esposo Percy Bysshe Shelley, fueran invitados por Lord Byron a su residencia de verano de Villa Diodati, Suiza. Y debido a las condiciones climatológicas, decidieron quedarse dentro y competir entre ellos para ver quien conseguía escribir el relato corto más aterrador. Ganó Mary Shelly, y esa fué la semilla del famoso Frankestein.

De hecho, este “año sin verano” estuvo inscrito en lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo y que se extendió en el siglo XVIII hasta el XIX debido a una combinación de ciclos solares anormales y erupciones volcánicas.

Los volcanes no sólo están en lugares exóticos. El Vesubio está en el Mediterraneo a 9 Km de Nápoles y en el año 79 sepultó en menos de 4 minutos dos ciudades enteras, Herculano y Pompeya. Pero en Italia tienen dos volcanes más activos: el Etna y el Estromboli (uno de los más peligrosos del Planeta) los dos muy cerca de Nápoles.

Pero no todo son volcanes: Des del 28 de Agosto de 1859 hasta el 2 de Septiembre del
mismo año, una actividad solar anormalmente alta, generó tanta energía que destruyó una parte del sistema telegráfico del mundo hasta el punto que los operadores sufrieron descargas eléctricas.

O el meteorito de Tunguska que el 30 de junio de 1908 estalló en medio de Siberia incendiando y derribando árboles en un área de 2.150 km², rompiendo ventanas y haciendo caer a la gente al suelo a 400 km de distancia. Durante varios días, las noches eran tan brillantes en partes de Rusia y Europa que se podía leer tras la puesta de sol sin necesidad de luz artificial.

¿Y?

Pues que estos son sólo algunos de los ejemplos de cómo una sociedad puede sucumbir. No hacen falta grandes explosiones. Sólo un pequeño cambio climático global, provocaría una crisis agrícola sin precedentes.

Pero a pesar de tantas evidencias y de las consecuencias tan dramáticas que pueden producir estos eventos, no queremos creer que eso pueda pasar. Sería demasiado malo. A este tipo de pensamiento se le llama “wishful thinking”.

Nuestra mente está diseñada para buscar seguridad y rechazar la incertidumbre. Buscamos patrones que se repitan y de este modo, creemos que podemos avanzarnos al futuro y de algún modo, prepararnos para él. Aprendemos de lo diferente, sí, pero nos sentimos cómodo con lo previsible y familiar. Y cuanto más familiar, mejor.

Este es uno de los motivos que hace a veces muy difícil el cambio en las personas. El lugar en el que nos encontramos, por malo que parezca es conocido, a su vez, el cambio es un lugar desconocido y poco familiar que nos produce miedo. Las cosas nos podrian ir bien si cambiamos pero también mal. Hay riesgo y en general los humanos no nos gusta el riesgo.

Según Richard Bandler co-creador de la PNL, Virgina Satir le dijo una vez: “Richard, ¿Sabes cuál es el instinto más fuerte en el ser humano? El de la familiaridad. Las personas preferirían morir a cambiar”.

En el caso de una posible catástrofe, el caso es que por definición, antes de una catástrofe no pasa nada, se está bien, y querer pensar en que algo cambiará y que puede ir a peor, es un pensamiento que nuestro cerebro rechaza de partida. Nápoles está sólo a 9 Kms de uno de los volcanes más peligrosos del mundo y a pesar de esto, sus habitantes ni se cuestionan moverse de aquello que conocen, de lo que ha sido su hogar toda su vida.

Invertir en prevención o en aprender, crecer o desarrollarse, implica ir más allá de lo que hay ahora y pensar en algo más que quizás llegue o quizás no. Y no todas las personas están preparadas para hacer ese acto de fe. Supone hacer una inversión para algo que no está aquí.

No sé si habrá pronto o no una catástrofe, pero lo que si estoy bastante seguro es que la Tierra ha seguido una serie de ciclos desde su inicio, y estos ciclos no siempre han sido favorables a los seres humanos.

Este conjunto de ejemplos sólo son un metáfora de cómo los seres humanos prefieren “lo malo conocido” a lo “bueno por conocer” o el famoso “mejor me quedo así”.

Sea como sea, no moverse también implica cambio cuando todo lo de tu alrededor lo hace. Dicho de otro modo, no hay manera de no moverse. De hecho, sólo hay dos maneras de moverse: o te dejas llevar por la corriente o al menos intentas bracear para ir a donde quieres ir. Tú decides.