¿Por qué nos cuesta tanto salir a correr? Una respuesta probable y quizás hasta cierta es porque no estamos en forma y nos cansamos demasiado o nos duele demasiado todo el cuerpo al hacerlo.

Cuando pensamos en los héroes de hacer kilómetros sobre el asfalto probablemente nos vienen a la cabeza los maratonianos, seres humanos con una resistencia física innata poco habitual y en una excelente forma física y mental. No es para menos si tienen que recorrer 42 kms corriendo, ¿Verdad?

¿Pero y si te digo que hay corredores de ultra fondo que corren más de 100kms en sus carreras? ¿Crees que tienen una mejor forma física que los de maratones? Pues aparentemente no. De hecho, parece ser que a cierta distancia no es la forma física la que marca las diferencias si no su fortaleza mental.

Aguantar horas y horas de carrera deja de ser algo puramente físico para convertirse en una lucha contra todos los mensajes del cuerpo pidiendo a gritos que se pare esa salvajada. El ultra corredor debe poder gestionar el cansancio mental y físico al mismo tiempo que las bajadas de ánimo, sus miedos, sus demonios internos, etca.

¿Pero y si te dijera que hay gente dispuesta a correr 5100 Kms seguidos? No sólo eso, ¿Sino que te dijera que lo hacen dando vueltas a una manzana en el barrio de Queens en Nueva York?

Estos súper hombres y mujeres de la resistencia mental, se enzarzan en una carrera absurda donde no se va a ninguna parte ya que tienen que cubrir casi 6000 vueltas a una manzana de menos de un quilómetro de longitud y donde la persona más rápida tardó 41 días y 8 horas en terminarla sólo durmiendo a ratitos.

Este es un claro ejemplo de hasta donde puede llegar la mente humana y como puede imponerse al cuerpo. También es un claro recordatorio que a pesar de todo, somos capaces de hacer mucho más de lo que parece posible, y que nuestra mente y lo que creemos sobre el mundo, a menudo son el auténtico límite para conseguir aquello que queremos.

Quizás ninguno de nosotros consiga correr 40 o 50 Km y mucho menos 5000 pero si es verdad que algunas veces lo que separa el éxito del fracaso no es tanto los recursos requeridos como nuestra falta de resistencia a las adversidades que se van apareciendo por el camino.

Estos corredores se lo toman  más como una suerte de meditación en movimiento pero no cabe duda que es un buen punto de reflexión para todos aquellos objetivos que alguna vez dejamos a medias simplemente porque el resultado parecía demasiado lejano en el tiempo (o al menos más allá de lo que estábamos dispuestos a esperar).

Lo que sí es cierto es que al menos estos atletas/meditadores tenían clara la meta, ya que muchas veces el simplemente no saber cuando llegaremos al final es un buen motivo para desmoralizarnos, por eso es tan importante fijarse un objetivo lo más definido posible en el tiempo, fragmentado en submetas, y sobretodo, como hacen estos ultracorredores, centrarse más en el propio proceso que en la meta, ya que esta no deja de ser una excusa como suele pasar cada vez que se emprende un viaje y se acaba descubriendo que lo importante fue el viaje interior.