No soy precisamente un experto en padres. Yo me quedé sin el mío a los 12 años y a partir de ese momento, sólo vi a ratos a los de los demás. Pero si soy un experto en personas.

Más bien en la observación de aquello que hacen y cómo lo hacen. Me doy cuenta de sus modos de pensar y de sentir, y de cómo eso les lleva a inseguridades, miedos o respuestas a veces inconscientes.

Aunque en PNL no vamos tanto a buscar el origen de lo que originó algo (aunque se hace cuando es necesario) y nos centramos más en el cómo se está manteniendo algo en nuestra mente, ahora que llegan las vacaciones de Navidad, es un buen momento para una reflexión.

 

Reflexión #1. Ser padre (o madre) es un proyecto. Sí un proyecto.

Recuerdo pasar incontables horas en casa de mis abuelos. También ver a mi padre durante escasos minutos antes de irme a dormir y algunas horas los fines de semana. Pero también recuerdo pasar momentos con él. Aunqueno tantos. Mi padre trabajaba mucho y tenía muchos amigos.

Ahora soy padre y hablo con otros padres. Queremos tener hijos y es algo maravilloso, pero a veces infravaloramos lo que conlleva tener niños. Es una carga económica adicional para la que se necesita un plan.

Hay personas que me dicen: “Es que si pensáramos tan fríamente, no los tendríamos”. Bueno, la toma de decisiones se la dejo a cada uno, pero un niño requiere atención, amor, tiempo, mimos. Eso no se compensa con más juguetes, ni con más chuches, ni con más flexibilidad en las reglas.

Un niño por encima de todo, necesita sentirse protegido, aceptado y tenido en cuenta. Porque cuando eso no pasa, a menudo queda codificado en lo más profundo de la mente. Y ahí empiezan muchas inseguridades que se propagan con cada nueva esperiencia y persistent hasta el día de hoy.

Es decir, si alguien empieza sintiendo miedo porque no se cree capaz de algo, quizás no lo intente o lo intente con miedo, y eso haga que no le salga como quería y que por lo tanto, se le refuerce esa idea.

Es mucho más sencillo cambiar una idea con 5 o 6 años que con 35 o 40. Por lo tanto, si tener hijos tiene que implicar no poder estar con ellos porque se está trabajando, luego ¿Cuál es el motivo real de quererlos tener? Y ¿Qué responsabilidad tenemos sobre las repercusiones futuras de padres austentes o eternamente cansados?

 

Reflexión #2. Ser padre (o madre) es una carrera profesional.

¿Qué quieres ser de mayor? Eso nos lo han preguntado a todos alguna vez. No conozco a nadie que hubiera respondido “ser padre”. Y pocos los que se hayan preparado para ello de un modo similar a lo que lo hicieron para obtener su puesto de trabajo.

“Los niños no vienen con libro de instrucciones”. Cierto. Pero, ¿Cuántos padres (y madres) se toman el desarrollo emocional y cognitivo de su hijo cómo parte de su día a día? ¿Y cuántos lo delegan en la escuela?

“Se aprende sobre la marcha”. Cierto. Siempre se aprende sobre la marcha. Pero hay muchos modos de aprender. Cuanta más información previa tengamos, mejores aprendizajes haremos. Recuerda, no es un jarrón de barro. Es tu hij@. Es una persona en desarrolla que está en tus manos.

Repasando mi pasado, sí recuerdo a mi padre haciendo un esfuerzo para transmitirme valores importantes e instruyéndome en temas como las decisiones. No recuerdo nada de emociones. Tampoco le culpo. Simplemente no sabía.

 

Reflexión #3. Ser padre (o madre) es una responsabilidad.

La responsabilidad ineludible de ayudar a sentar las bases de lo que va a ser una personalidad compleja. Con creencias y valores sobre el mundo.

Si cuando llegamos a casa estamos demasiado cansados para jugar, para compartir emociones, para escuchar historias increíbles, para dar importancia a lo que es importante para él, desactivaremos en él la necesidad de querer contarlo y compartirlo. Lo desconectaremos.

Si no se siente parte de un grupo (la familia), seguramente buscará a otros grupos de los que formar parte o se aislará totalmente.

Nos quejamos de falta de comunicación cuando son adolescentes, pero veo a muchos niños encerrados en sus tablets y smartphones (antes eran consolas portátiles, no importa). No comparten lo que les pasa y cuando preguntamos y nos dicen: “nada”, nos enfadamos por la brevedad de la respuesta o simplemente queremos creer que lo que han dicho es cierto.

Sólo poniendo la atención que requieren, sabremos de sus ideas, de sus emociones, de sus problemas y de sus miedos. Sólo escuchando y aceptando su mundo (y no imponiendo el nuestro), van a sentirse seguros de expresar lo que sienten y piensan.

Ser padre (o madre) no es poner la cena cada día o mirar la tele juntos. Es hacer sentir a esa pequeña persona que es algo importante, algo increíble, algo maravilloso. Y eso no sólo se hace con palabras, se hace con atención, dejando el teléfono a un lado, el televisor a un lado y sentándose al suelo con él. Por cansado que estés. “Va con el pack”.

 

Reflexión #4. Ser padre (o madre) es una aventura.

Ahora que soy yo “el padre”, es el momento en el que me doy cuenta de mis propios miedos, de mis propias limitaciones, de mis propias creencias cuando hablo con mi hijo. Él es mi espejo y mi oportunidad de ser mejor persona.

Me puedo dar cuenta de los antiguos programas que corren por mi cabeza. Cómo me habían “domesticado” a través de chantajes emocionales, cómo me habían castigado o cómo no habían tenido en cuenta mis necesidades.

Ahora me doy cuenta, que la escuela no siempre es un lugar plácido. A veces hay crueldad entre los niños, competitividad, comparaciones y a veces hasta hay malos profesores. Y los padres somos el lugar seguro. El puerto en la tormenta.

Pero nosotros tenemos nuestras propias tormentas que arrastramos internamente. Es el momento ideal para darnos cuenta de ellas. Aprender y mejorar.

En el momento en que no ponemos atención y la relación se convierte en una pura transacción (yo te compro algo para que estés contento), nos perdemos la oportunidad de hacer de sus vidas un lugar mejor y al mismo tiempo, de hacerlo de las nuestras.

Ser padres es la oportunidad de hacer la diferencia y ser generadores de cambio en seres humanos. La responsabilidad es enorme y al mismo tiempo apasionante.

 

Ser padre es mucho más que querer tener hijos. Eso es sólo una decisión.

 

Xavier Pirla