Mantenerse joven ha sido uno de los grandes anhelos de los hombres desde tiempos inmemoriables y juntamente con como ganar más dinero y como ser más feliz, generan miles de libros, cursos y cualquier otro producto vendible.

Desde hace años vemos grandes estrellas luchando para seguir jóvenes como Madonna o otras estrellas de Hollywood pero antes que ellas el famoso primer emperador de la china Qin Shi Huang (el de los guerreros de terracota) murió buscando las fuentes de la vida eterna (precisamente intoxicado por un tratamiento supuestamente diseñado para alargar su vida).

El famoso Santo Grial y la Piedra Filosofal fueron las dos grandes esperanzas durante miles de años buscados una vez más, para vivir para siempre.

Hoy en día han sido substituido por productos como los antioxidantes, el resveratrol, el PA-65. las dietas hipocalóricas, las dietas alcalinas y un sinfín de productos que pretenden alargar nuestra edad a través básicamente de vaciar nuestro bolsillo.

Pero a pesar de todos los esfuerzos, existe un misterio que hace que ciertas personas que simplemente han tenido una dieta normal y una vida normal vivan mucho más que el resto. Dicen que tiene que ver con un gen. El gen de la longevidad, algo así como un programa que hace que vivamos más a través de proteger el cuerpo de agresiones.

Nadie se pone de acuerdo, pero si te fijas en esos abuelos centenarios la mayoría comparten algo que no tiene que ver con genes, dietas o ejercicio físico. Tiene que ver con su actitud.

Muchos de ellos se sienten mucho más jóvenes de la edad que tienen, suelen ser más vitales que otros ancianos con 20 o 30 años menos, son optimistas y siguen abrazando a la vida. Es como sí de algún modo tuvieran una relación diferente con la vida.

En 1979 la psicóloga Ellen Langer realizó un experimento con un grupo de ancianos por encima de los 70 años y los llevó en un entorno aislado donde se recreaba con todo detalle la vida en el año 1959 y les pidió que actuaran como si estuvieran en ese momento de su vida.

En las reglas del juego se estipulaba que debían ser independientes haciendo y cargando sus maletas, lavándose y afeitándose ellos solos, etca.

Al cabo de dos semanas, los ancianos habían ganado en confianza, estaban más activos y lo que es más asombroso: había disminuido su artritis y mejorado su audición, visión y mobilidad.

El tema de la mente sobre el cuerpo me ha fascinado desde antes de descubrir la PNL pero cuando empecé a entrar en el mundo de la Programación Neurolingüística me dí cuenta que quizás algunas de las razones que hacían que envejeciéramos tanto física como mentalmente tenían que ver con como pensamos y sentimos.

Para mí, uno de los mayores factores de envejecimiento mental es una especie de hipnosis colectiva alimentada por la mayoría donde se determinan una serie de estándares que dictan como cada individuo debe sentirse, pensar y comportarse dependiendo de su edad y su rol.

Así de este modo, un niño debería correr saltar y jugar, ser travieso y atrevido, un joven enérgico y ambicioso, hasta un poco arrogante, pero una madre ya debería ser más calmada y prudente, etca.. De este modo, a medida que pasan los años, también se producen cambios físicos aparentemente inevitables. Es la típica sugestión hipnótica de “ya verás cuando tengas mi edad”.

¿Podría ser que acabáramos sucumbiendo a lo que deberíamos ser simplemente por presión popular?  Hasta llegar al punto en que ese día en que nos sentimos más cansados o esa época en la que nos sentimos más abatidos acabamos pensando que es la edad (tal y como alguien ya nos había pronosticado o tal y como hemos estado viendo tantos años con la gente de nuestro alrededor).

¿Podría ser que nos creyéramos que un adulto no puede sentirse como un joven o un anciano como un adulto y por ese motivo ni lo intentáramos? ¿Qué no es lo correcto vestirse más informal? ¿Qué no está bien enamorarse a partir de los 60 o 70?

Esta especie de hipnosis popular sobre lo que se puede y lo que no, sobre lo que uno debería ser y lo que no, me recuerda mucho a la famosa historia de como se adiestran a los elefantes (cuando son pequeños con una cadena atada a la pata hasta el punto que están tan condicionados de adultos que cuando se les ata con una cuerda no intentan ni tirar de ella para romperla).

El pensamiento y las emociones ya han sido aceptados por la comunidad científica como variables de algún modo involucradas en nuestra salud (estrés, depresión, tristeza o rabia afectan a nuestro sistema inmunitario o a nuestra capacidad de segregar ciertas hormonas) y aunque quizás no guste a algunos más interesados en que la gente se tome pastillas, podrían llegar a tener un impacto destacable al menos en mantener nuestro cuerpo más saludable.

Lo interesante de esto es que el hecho de sentirnos mejor, más felices, más esperanzados podría hacer aumentar nuestro capacidad de vivir más años o de vivirlos mejor. Porque al fín y al cabo, nadie quiere vivir más años sólo, sino vivirlos con mayor calidad de vida.

Estamos en una sociedad donde uno de los medicamentos más vendidos durante el 2012 fue un antidepresivo (Cymbalta) y a donde a personas de 65 (o menos) se les aparta de la sociedad y se los convierte en sujetos pasivos dependientes de una pensión (el que más de sus ahorros) para vivir 20 o 30 años más de este modo.

¿Te imaginas vivir 20 o 30 años de tu vida creyéndote que ya no sirves para nada, que ya no tienes nada que aportar a este mundo y que además no tienes ningún otro futuro que el de esperar el día en que mueras?

No digo que sean todos los casos ni mucho menos, pero me pregunto el efecto de esas ideas sobre el funcionamiento de la mente y del cuerpo viendo el experimento que llevó a cabo la profesora Langer.

Lo bueno del caso es que a diferencia de nuestras rodillas, hay pocos (por no decir ninguno) impedimentos para poder sentirnos jóvenes a pesar de que algunos quieran arrastrarnos al pozo de la mediana edad o de la vejez.

El ser vital, el tener esperanza, energía e ilusión es una elección o mejor dicho, un conjunto de elecciones que se llevan a cabo cada día de nuestra vida y que van condicionando el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Si el día que te dan una mala noticia te sientes sin fuerzas y el día que te dan una de buena te sientes como un súper hombre, ¿Qué pasaría si cada día te pudieras sentir en mayor o menor grado como si te dieran una buena noticia? Quizás te sentirías diferente, y si consigues hacerlo un día y otro, quizás se convierta en un hábito igual que lo es para estos superancianos que no renuncian a vivir la vida como quieren y no la vida que les imponen.

Al fin y al cabo, la PNL debería servir para que tuviéramos más control de nuestra mente y emociones para conseguir nuestros objetivos y creo que uno compartido por la mayoría de seres humanos es el de tener una vida sana.

Ahora imagínate, que además de los genes, de la dieta, de los complementos alimentarios, la actitud jugara un papel vital. ¿Te das cuenta que es gratis? ¿Qué no depende de nadie más que de ti y que la puedes practicar a cada momento?

Tengo la creciente intuición que nuestra actitud en frente a la vida puede salirnos más barato y mejor que esperar que otros nos la arreglen por nosotros. Siéntete joven. Es gratis.