Cuando el 9 de Septiembre escribí “Sé amable, cada hombre que conoces está luchando una dura batalla”, todavía no tenía ni idea de cómo esta frase acabaría siendo un mantra que repitiera casi sin cesar.

Y es que durante estos 15 días he vivido una de las situaciones profesionales más duras de mi carrera profesional donde he descubierto como las batallas internas en las mentes de las personas pueden llegar a ocasionar otras en los demás.

Durante estos 15 días también me he enfrentado a mis propias batallas internas para poder resolver las de los demás y he vivido en mis propias carnes la escena relatada en el cuadro del post pasado.

No es fácil digerir como las batallas internas pueden manifestarse de forma destructiva y afectar a los demás de una manera muy perjudicial. Especialmente, cuando yo soy un convencido de que no existe la maldad en las personas sanas sino esas tormentas internas.

Por eso, en las últimas semanas he descubierto como los mundos interiores de ciertas personas chocaban frontalmente con el mío pero al mismo tiempo, no he querido olvidar el mantra que escribí “Sé amable, cada hombre que conoces está luchando una dura batalla” a pesar que con sus acciones, amenazaban muchas de las cosas que más estimo y que más trabajo me han llevado construir.

Pero también he descubierto, como la bondad humana y la solidaridad están más extendidas de lo que hubiera podido pensar y he presenciado actos de altruismo majestuosos. Me he dado cuenta que los humanos a pesar de poder estar en medio de una tempestad interna, pueden también ayudar a los demás, socorrerlos y reconfortarlos.

En los últimos 15 días he estado en tres continentes, hablado delante de centenares de personas, recibido el apoyo de muchos, encontrado amigos, trabajado y viajado durante muchas horas seguidas. He negociado, he sufrido, me he preocupado, he pasado nervios, he tenido que aceptar responsabilidades que no eran mías y me he cansado hasta la extenuación, pero también he salido de mi zona de confort, he crecido, he aprendido y especialmente, he encontrado a personas maravillosas por el camino que me han enseñado mucho.

Quizás hayan sido los 15 días más duros profesionalmente de mi vida, pero también han sido un curso de PNL “en vivo” y sobretodo de humanidad.

Desde aquí quiero agradecer a todos aquellos que me han prestado su apoyo y que lo han hecho también a otras personas que lo necesitaban más que yo. Muchas gracias.