Una de las principales dificultades del liderazgo de personas es básicamente que las personas te quieran seguir. Soy consciente de la posible obviedad de mis palabras, pero no por obvio es menos cierto, o no por obvio es más fácil de conseguir.

Lo cierto es que algunas personas tienen un talento natural para que los demás les sigan y a menudo esto pasa porque simplemente son carismáticos. Es decir, tienen algo que atrae a los demás. El experto en carisma y amigo mío irlandés Owen Fitzpatrick define el carisma como la impresión que causamos a los demás.

De todos modos, los directivos a menudo confunden el hecho de que las personas los sigan con un posible carisma. Que alguien te siga, puede ser simplemente por miedo a ti, o a perder el trabajo o porque piensa que tú lo podrás sacar de este estado de temor en el que se encuentra.

Pero yo me refiero al carisma que proviene simplemente de que la gente, por algún motivo u otro, se sienten bien cerca de ti y por lo tanto, te siguen. Viajé a  Dublín para visitar a mi amigo Owen en un seminario de cuatro días sobre carisma basado en parte en la Programación Neurolingüística (disciplina que se encarga de describir la relación entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, y como utilizarlo lo para alcanzar nuestros objetivos).

En todas las exposiciones quedaba muy patente la importancia de enfocarse en los demás, en especial en sus necesidades, emociones, valores, creencias, etc. Desafortundamente, demasiados líderes pasan por delante de sus colaboradores sin pensar que la implicación, pasa primero por el reconocimiento.

Es decir que en general todos reaccionamos positivamente cuantos nos reconocen por lo que hacemos, por lo que sentimos o por lo que pensamos. A veces, es por estar demasiado centrado en uno mismo, y otras por pensar que es demasiado obvio y claro, y por tanto no hay ni comentarlo.

Hacer que una persona se sienta bien a tu alrededor, tiene que ver con el reconocimiento pero también con las consecuencias del reconocimiento: un aumento en la auto confianza. El secreto del carisma proviene de hacer sentir a las personas bien, haciéndolas crecer cerca de ti y que quieran estar por esta razón, contigo. Este es el verdadero secreto.

Un líder debería ser un potenciador de la confianza en su equipo, haciéndolos sentir más capaces, más unidos, más seguros de sí mismos. Para hacer esto, el líder debe ser capaz de sentirse a sí mismo seguro primero, porque la única manera de potenciar los otros, es cuando no los consideras una amenaza, y por tanto, en vez de menospreciarlos, buscas la manera de transformarlos.

Dale Carnegie ya decía a principios del siglo XX que acordarse del nombre de las personas crea un efecto automático en los demás, pero esta es una aproximación superficial.

Entender que cuanto más atención le ponemos a los demás, más se sentirán reconocidos, que cuanto más confianza depositamos en ellos, más seguros se sentirán, es uno de los principales ingredientes de un líder carismático.

Aunque esta atención, debe ser claramente genuina, es decir, te han de gustar las personas, e interactuar con ellas. Sino, porque querrías gestionarlas?

Todo ello pasa por cambiar el centro de atención de uno mismo a los demás. No siempre, ni con todos, pero saber cuándo es importante hacerlo, es una de las habilidades de los líderes carismáticos y su uso marca una clara diferencia entre los líderes de
éxito y el resto.